Y Buda invento el telefono movil




Cada vez que salgo a pasear, a ver algo, a hacer algunas fotos, trato de andar con cuidado de no perderme. Mira que soy bueno con la orientación, más o menos siempre sé dónde ando. Paro nada. Aquí no sirve. Las calles son laberínticas. De una calle grande sale una calle interesante, te metes, de ahí aparece un callejón que es la leche, de ahí te metes entre el espacio que dejan dos casas, que no se podría decir que es una calle,... y ya está liada. Tres horas más tarde, creyendo que estaba deshaciendo el camino aparezco en algún lugar remoto de la ciudad, donde nadie maneja una palabra de inglés para poder preguntar.Ayer estuve así más de 5 horas. Acojonante. Y menos mal que tengo dorado teléfono móvil, llamo a una amiga de aquí y le paso al taxista, que tampoco me entiende, claro.
Para sobreponerme a tanto susto y a tanta pérdida estuve en un garito que no tiene desperdicio. Restos de la invasión japonesa. En el octavo piso de un edificio, al salir del ascensor te reciben unas señoritas, que te sientan en uno de los sofás del garito circular. En medio un escenario con señoritas cantando y decenas de camareras. Te pides una birra y se te van sentando las camareras contigo. Una, dos y hasta tres a la vez. A dar palique. Tremendo. Una risa, ellas me hablan en chino, y yo no entiendo nada, pero nos reímos mucho.

2 Comments:
no seas bruto, hombre!
Pero qué brutos! Qué falta de sensibilidad y de tacto. No tenéis ni idea... que no, que no son prostitutas. Son mujeres que hacen compañía, sin más, ya explicaré la historia, que es muy bonita. Brutos...
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